Del Prefacio del Libro

¿Por qué el Amor, como nuestro Creador, fue escondido por tanto tiempo? Nuestros Sabios místicos hebreos creen que fue ocultado por Sí Mismo para que nosotros lo busquemos, lo encontremos y lo revelemos. Pero, ¿por qué Dios, Amor, quisiera esconderse como en un juego de niños? No. Nosotros lo escondimos. Fuimos nosotros quienes no quisimos reconocer el Amor como nuestro Creador.(...) Reexaminemos nuestra memoria ancestral, intelecto, sentimientos, emociones y pasiones. Hagamos que despierten a nuestra verdadera Esencia, captemos la exquisita conciencia del Amor como la Esencia de Dios. La manera en la que está escrito este libro procura reafirmar y reiterar su propósito, por lo tanto presenta su mensaje y contenido en forma reiterativa. Esa es su meta para reinstaurar la misma Verdad originalmente proclamada en nuestras Sagradas Escrituras, por nuestros Profetas y Sabios. Nuestro propósito es entronizar firmemente la Esencia del Amor Divino en todas las dimensiones de nuestra conciencia, para así cumplir Su Promesa de que Él habite entre nosotros en la Tierra, para siempre.

domingo, 27 de mayo de 2012

Nasó: Honrando Nuestra Fidelidad al Amor de Dios

Reflexionemos en torno a los pasajes de esta porción referentes a una pareja casada (Números 5:12-15). Fidelidad es la fundación de cualquier relación al igual que del sistema social en el que uno vive. Si no hay confiabilidad ni seguridad entre la gente y sus instituciones, entonces hay corrupción, disturbios y conflictos. No en vano el enorme presupuesto que los países civilizados dedican para el cumplimiento de la ley. De hecho la fidelidad tiene un precio que estamos dispuestos a pagar, porque de ella depende lo que más valoramos, apreciamos y amamos, y en lo que más confiamos. Pagamos para sentirnos seguros y recibir bienes y servicios que necesitamos para vivir en paz y tranquilidad dentro de nuestro entorno individual y colectivo. Si nos obligamos a pagar por confiabilidad, seguridad, fidelidad y lealtad con el fin de sentirnos confiados y seguros en el mundo material, ¿qué tanto estamos dispuestos a pagar para asegurar nuestra relación con Dios? ¿Cuál es el precio a pagar para tenerlo a Él siempre en nuestras vidas? El precio es fidelidad.

Para estar cerca del Creador toma algo más que pagar impuestos para depender de los servicios que presta el gobierno, tales como el cumplimiento de la ley y los beneficios del seguro social, ya que nuestra relación con Él no tiene precio porque está más allá de contratos sociales. Sin embargo, lo queramos o no, nuestra relación con Él está ligada a la relación que tenemos acá en el mundo entre nosotros y con nuestros entornos: “Díles a los hijos de Israel: Cuando un hombre o mujer cometa cualquiera de las transgresiones contra el prójimo, actuando traicioneramente contra el Eterno (...)” (5:6) Nos amamos unos a otros porque amamos a Dios. El Amor de Dios es nuestra Esencia y nexo común con Él, y también entre nosotros en el mundo material. En este contexto Amor es la fidelidad que nos tenemos unos a otros porque sabemos que si los modos y atributos de Amor no están presentes, no vivimos seguros, protegidos ni cuidados. Amor es la fundación de nuestra fidelidad en lo que somos, tenemos y hacemos. Somos fieles a Amor porque tenemos que ser fieles a la Esencia de quienes somos.

Bajo la sociedad de consumo en que vivimos tenemos que pagar por lo que nos hace sentir seguros y protegidos. ¡Los humanos hemos creado tal oscuridad que tenemos que pagar para estar lejos del daño, los perjuicios y los peligros que nosotros mismos hemos creado! Es una ironía crear situaciones negativas y luego pagar para estar exentos de ellas, y encima las creamos por amor al dinero. Creamos adicciones, distracciones y condiciones poco saludables para después tener que pagar con el fin de liberarnos de ellas. Es indignante lo que las fantasías e ilusiones de ego son capaces de crear para mantenernos en las tinieblas y la negatividad. Y todavía tenemos el descaro de tenerles más fidelidad a los deseos materialistas de ego que a los modos y atributos de Amor. Preferimos permitir que el actual estado de cosas y el sistema de la sociedad de consumo gobiernen, en vez de que lo hagan las cualidades positivas de Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad.

Reflexionemos acerca de los significados de la fidelidad como lo señala la Torá, cuando estipula el respeto y la lealtad que se deben el hombre y la mujer. Como ya lo hemos dicho, nos debemos fidelidad unos a otros, de la misma manera que le debemos fidelidad a nuestro Dios. Él nos encomienda ser fieles unos con otros, porque se trata de la misma fidelidad que Él quiere que Le tengamos. En este contexto debemos ser fieles y leales a los principios que definen nuestra identidad judía. De lo contrario nos defraudamos, nos engañamos y nos traicionamos a nosotros mismos. Debemos ser conscientes de que cuando uno es infiel a sus valores y a aquellos a quienes confía su lealtad, es infiel a sí mismo.

El Creador quiere que seamos fieles por nuestro propio bien, y no por Él. El Amor de Dios por nosotros es nuestra verdadera referencia y el fundamento real de nuestra conciencia. Esto significa que, mientras seamos fieles a Sus caminos y atributos como nuestra guía y dirección para lo que somos, tenemos y hacemos, seremos fieles a nosotros mismos. De lo que se trata la fidelidad es realmente acerca de nosotros como individuos, porque esa es la única manera en que podemos ofrecer confianza, verdad y lealtad a los demás.

Engañamos o traicionamos la fidelidad y la confianza de otros cuando decidimos cambiar “las reglas del juego” en nuestra relación con ellos. Si nuestras reglas son lo suficientemente sólidas y fuertes como cimientos de la conciencia, continuarán siéndolo a pesar de que los otros cambien las reglas. Esta es una manera práctica de decir que Amor no cohabita con nada distinto a sus modos y atributos. Mientras nos mantengamos fieles, leales y comprometidos con los atributos de Amor en lo que somos y hacemos, seremos fieles a nuestra identidad como la Torá la delinea para nosotros (ver en este blog los otros comentarios sobre la Parshat Nasó: “Unidad en la Diversidad” del 15 de mayo, 2010 y “Viviendo en las Bendiciones de Amor” del 29 de mayo de 2011)

En un nivel superior en torno a la relación hombre-mujer, tengamos en cuenta que tanto hombres como mujeres contenemos polaridades inherentes a cada género y ambos forman una unidad. Tenemos que evolucionar al conocimiento de que estamos separados físicamente como masculino y femenino con el fin de estar unidos por el sagrado propósito llamado vida y sus múltiples facetas y dimensiones. Sabios místicos se refieren a la unión armonizada de ambas polaridades como el entero propósito de la Creación de Dios y para la cual estamos destinados. Durante largos siglos hemos luchado contra ese propósito, generando confrontación y conflicto entre nuestras dos polaridades.

Hemos estado cegados ante la clara evidencia de que en la unión de ambas se concibe la vida, y con cooperación constructiva elevar, realzar y consagrar la vida para un propósito más altruista que el de las ilusiones y fantasías negativas de ego. Dicho de otra manera, estamos en el mundo material para armonizar los aspectos masculinos y femeninos de nuestra conciencia con el fin de santificar la vida para el propósito mayor que representan los modos y atributos de Amor. Esto lo logramos siéndolos y haciéndolos. No hay ninguna otra manera y no hay ningún otro propósito.

Lo que catalogamos como negativo, dañino o destructivo de nuestras polaridades masculina y femenina es producto de nuestro propia actitud negativa. No hay nada negativo en ser hombre o mujer, porque ambos compartimos los mismos rasgos y cualidades en mayor o menor proporción. Así que no tiene sentido estigmatizar o despreciar algo que es parte de nosotros. Nuestro dilema es que hasta ahora no hemos podido armonizarlos. Todos nacemos con proporciones diferentes de ambas polaridades, y es nuestro deber individual y colectivo equilibrarlos y armonizarlos con el fin de reproducir vida como el resultado de la unión del hombre y la mujer. Desde que nacemos estamos destinados a estar unidos para mantener y expandir la vida humana. Y lo hacemos honrándonos, respetándonos y dedicándonos al bienestar de todos mediante los caminos y atributos de Amor.

Familiaricémonos a fondo con los aspectos masculinos y femeninos de la conciencia, valorando, respetando y honrando sus rasgos y cualidades como medios positivos para rectificar la dirección negativa que les hemos dado en el pasado. Necesitamos saber de lo que estamos hechos como hombres y mujeres desde la perspectiva que el Amor de Dios nos da como nuestra Esencia y verdadera identidad: Amor. Tengamos fidelidad a Amor como la Esencia que nos acerca unos a otros con el propósito de ser felices y dichosos entre nosotros, porque el Amor de Dios nos creó para que descubramos ese propósitio. Una vez disipemos con los modos y atributos de Amor las tinieblas que hemos creado en el mundo, nos daremos cuenta del propósito de nuestra identidad en el mundo material.

martes, 22 de mayo de 2012

Yehudá Macabeo: Homófobo

HOLA, AMIGOS. EN VISTA DEL RENOVADO INTERÉS EN LOS ESTADOS UNIDOS SOBRE LOS MATRIMONIOS DE PAREJAS GAY, QUIERO COMPARTIRLES EL ARTÍCULO DE UN AMIGO PERSONAL, PHILIP LEFKOWITZ, RABINO DE LA CONGREGACIÓN AGUDAT AJIM DEL NORTE DE CHICAGO. COMO ÉL MISMO DICE AL FINAL, ALGO PARA REFLEXIONAR SOBRE NUESTRA IDENTIDAD JUDÍA...

Queridos javerim:

No quiero tratar de impresionarlos con lo que puedo redactar. Comparto lo siguiente considerando que creo que el matrimonio gay es como “bendición y maldición” ante nosotros. Bencidión, porque nos ofrece la oportunidad de hacer que los judíos norteamericanos vean su reflejo en un espejo. Maldición, porque si no lo afrontamos como una razón para cambiar la mentalidad de los judíos norteamericanos, es otro paso hacia su decadencia colectiva.

Phil Lefkowitz

YEHUDÁ MACABEO: HOMÓFOBO

Platón dijo, “La homosexualidad es considerada vergonzosa por los bárbaros y por aquellos que viven bajo gobiernos despóticos, sólo como una filosofía vergonzosa para ellos, porque aparentemente no es del intertés de tales gobernantes tener entre sus súbditos grandes ideas ni poderosas amistades ni amor apasionado; todo aquello que la homosexualidad es particularmente apta para producir”. Y Plutarco dijo, “El noble amante de la belleza se imbuye en amor dondequiera que vea excelencia y lo espléndidamente dotado por la naturaleza, prescindiendo de alguna diferencia en detalle fisiológico”.

Las estadísticas en torno la expresión religiosa de los judíos norteamericanos muestran que la festividad judía más celebrada en los Estados Unidos es encencer las velas de Jánuca. Esta festividad conmemora y celebra la milagrosa victoria de Yehudá Macabeo, de su familia y del pequeño grupo que seguidores que repudiaron el decreto de Antíoco IV de eregir una estatua de Zeus en el Sagrado Templo de Jerusalén – el centro del monoteísmo –,  y quienes montaron una guerrilla contra el imperio Greco-Sirio-Mesopotámico que en este entonces ocupaba el antiguo Israel.
Considerando el respaldo de tantos judíos al matrimonio gay en los Estados Unidos, uno se pregunta cómo es que pueden celebrar Jánuca, ya que hoy en día muchos catalogarían de homófobos a Yehudá Macabeo, a sus familiares los Hasmoneos, y a sus seguidores. Sí, homófobos. 

Permítanme que me explique. El mundo judío de los Macabeos estaba completamente tragado por el helenismo. Asimilados por la filosofía de vida de los griegos y su especial énfasis en el fisiculturismo como lo opuesto al desarrollo espiritual, los jóvenes judíos comenzaron a hacer ejercicios físicos desnudos en los patios del Templo de Jerusalén. Intentando ocultar la “deformidad” impuesta sobre sus fisionomías para estar a tono con “lo griego”, tenían varias técnicas para maquillar la “mutilación” que sus padres les habían hecho con la circunsición. Esto, además de adoptar nombres griegos y el estilo de vida helénico como norma para los judíos de aquella época. Y ahora hacen oír sus voces quienes discuten el desafío contemporáneo que presenta la asimilación cultural, que comparan a los judíos norteamericanos con los judíos helenizados en los tiempos de los Macabeos.

Como lo demuestran las citas de Platón y Plutarco, la homosexualidad no solamente estaba ampliamente establecida en las sociedades helénicas, sino también entre los judíos helenizados de la época de los Macabeos, y era apreciada como algo valorado en el desarrollo de una sociedad “sofisticada”. Como lo indicaba Platón, son el bárbaro y el dictador los que buscan reprimir la expresión homosexual. Plutarco nos recuerda a todos la fascinación de los helenistas por el cuerpo físico, igualando arbitrariamente amor con la expresión sexual, amancebándose con individuos “especialmente dotados por la naturaleza”, fuesen hombres o mujeres, en agudo constraste con el judaísmo que concibe el amor como una manifestación mucho más trascendente que un encuentro físico pasajero.

Los Macabeos, los jasídicos de esa época, fueron la minoría que mantuvo la observancia del judaísmo y sus valores ante un mundo judío poseído por una cultura ajena y por creencias paganas. Fueron los Macabeos, y no Platón, quienes repudiaron la promiscuidad sexual abierta y rampante entre los judíos de aquellos días, que incluía la homosexualidad, viéndola como conductora hacia la destrucción del gran Templo del pensamiento judío y la pureza espiritual ejemplificada por la observancia de la Torá y sus Mandamientos. Y cuando la fortaleza del judaísmo fue penetrada, cuando el Templo fue profanado y reeregido como un santuario pagano para Zeus, a pesar de su reducido número los Macabeos concluyeron que no había otra alternativa que remontarse a las colinas y luchar a muerte por las creencias judías con el llamado a las armas: “¡Quien esté con el Eterno, que me siga!”

Vivimos en un mundo judío confuso donde aquello que es rechazado por el judaísmo es ahora una expresión de los valores judíos, como lo dió a entener una reciente declaración del presidente del Consejo Nacional Demócrta Judío, indicando que el matrimonio gay es un paso adelante en la importante tarea del Tikún Olam, el esfuerzo para traer equilibrio y perfección al mundo físico a través de los Mandamientos de D-ios. ¿Cómo pudo esto haber ocurrido? ¿Llegaría yo a sugerir que las mateméticas judías fallan?

Una de las mayores ecuaciones en la vida judía de hoy es que una posición judía respecto a algo equivale a la opinión de la mayoría de los judíos. Si damos crédito a esta ecuación y creemos que las perspectivas judías son determinadas por la mayoría de los judíos, entonces – como lo sugiere el título de este artículo – no cabe duda que Yehudá Macabeo era homófobo. Porque, ¿acaso él no estaba luchando y arriesgando su vida y las de sus seguidores contra un ejército superior y una fuerza bien armada para reinstaurar los valores del judaísmo en la sociedad judía? 

A diferencia de los judíos de su época que respaldaban los sentimientos y opiniones de Platón y Plutarco, Yehudá Macabeo vio en la expresión sexual que traspasa el sagrado nexo del matromonio entre hombre y mujer, una violación de la ley Divina de D-ios. Yehudá Macabeo no dio crédito a esa conducta inmoral. Él era lo que en nuestros días llamarían fanático, alguien que siempre “pone la Biblia por delante”.  Así los judíos abrazaron la victoria de los Macabeos, su ascenso tanto al Reinado como al Sacerdocio, reinstaurando los valores de D-ios como motivo de celebración: Jánuca como la celebración más popular entre los judíos que cualquier otra en nuestro vocabulario religioso.

En 1885 los dirigentes del Movimiento Reformista se congregaron en Pittsburgh para definir su sentido del judaísmo. Emitieron la “Plataforma de Pittsburgh” ahora entendida como lo que resume el judaísmo reformista clásico. En parte declara: “Segundo- Reconocemos en la Biblia el antecedente de la consagración del pueblo judío en su misión como sacerdotes del Dios único y verdadero, el valor que posee como el instrumento más poderoso de instrucción religiosa y moral. Tercero- (…) hoy aceptamos como obligante, no sólo las leyes morales y mantener solamente aquellas ceremonias para elevar y santificar nuestras vidas, sino que rechazamos todas aquellas tales como las que no se adaptaron a las visiones y hábitos de la civilación moderna”. Al respaldar el matrimonio gay, la mayoría de los judíos norteamericanos han roto con la expresión más liberalizada del judaísmo [representada por los reformistas].

Así como lo declara el judaísmo reformista, que “el antecedente de la consagración del pueblo judío en su misión como sacerdotes del Dios único y verdadero”, y “como el instrumento más poderoso de instrucción religiosa y moral”; en los términos usados hoy cuando hablan de “reglas para los radicales”, la Biblia nos enseña en el libro de Levítico que “Si un hombre se acuesta con un hombre como [lo hace] con una mujer, ambos han cometido una abominación”, “Vosotros no viviréis según las costumbres de las naciones que Yo voy a expulsar ante vosotros. Porque ellos hicieron todas esas cosas, Yo los aborrezco”. 

En el libro de Isaías leemos, “Es algo muy ligero para vosotros [judíos] ser Mis servidores, establecer las Tribus de Jacob, y restaurar los vástagos de Israel; y Yo os encomendaré como luz para las naciones, ser Mi redención hasta el fin de la Tierra. (...) Y el Eterno te ha llamado en rectitud, y ha tomado tu mano, y encomendado como el pueblo del Pacto, como una luz para las naciones. (...) Y en tu luz las naciones andarán, y reyes en el esplendor de tu ascenso”.

Algo para reflexionar.

Philip Lefkowitz – Rabino de la congregación Agudat Ajim de Chicago.

domingo, 20 de mayo de 2012

Bemidbar: Ante la Presencia Divina

La Torá hace evidente que el Creador guía y dirige nuestros pasos cuando elegimos abrazar Sus caminos y atributos. También es evidente que Él dirige toda Su Creación, y nos damos cuenta de ello al contemplar el mundo y el universo. Como hemos dicho antes, es lo que los agnósticos llaman “diseño inteligente” pero con el Amor de Dios como su causa, ya que todo lo que existe es sustentado por Él. Este conocimiento se hace aun más evidente para Israel en su relación con Dios, ya que Él ha estado con nosotros desde sacó a nuestros antepasados de la esclavitud en Egipto y moró con ellos en el desierto (Bemidbar). En esta porción acontece otro censo de los hijos de Israel, y recordemos que el conteo (lit. alzar las cabezas) es fundamental para asimilar la manera primordial en la que el Creador se relaciona con nosotros: Él nos cuenta porque contamos para Él, porque Él nos ama. 

El Creador conoce nuestros nombres así como también cada parte de Su Creación. Dios ama a Su Creación y eligió a los hijos de Israel para proclamar y establecer en el mundo material esta Verdad trascendental. ¿Qué es el Amor de Dios? Sabemos que no podemos concebirlo a Él ni Su Esencia, ni Su Amor, ni nada que es de Él y amana de Él; sin embargo sí podemos ver Su Creación (visible y tangible para nosotros) y aprender mediante la Torá cómo Él se relaciona con Su Creación. Sabemos que Él la ama porque la nutre y sustenta, y esto quiere decir que la cuenta como Él cuenta a los hijos de Israel.

Es así como deducimos y concluimos que Sus modos son los modos de Su Amor, y Amor también es el modo en que nos relacionamos con Él, porque es nuestro nexo común con Él. En este nuevo censo aprendemos que cada individuo del pueblo judío es único y especial, y que Dios no tiene preferencias simplemente porque Su Amor no está condicionado por la manera en que somos individualmente. Él quiere que seamos diferentes y diversos, con rasgos y cualidades que nos hacen como somos. Hemos dicho repetidas veces que el judaísmo no crea ni establece diferencias discriminantes ni niveles, castas, categorías o rangos entre la gente, ya que esa es la manera típica en que lo conciben las otras naciones. Sin embargo debemos admitir que la mayoría de nosotros judíos no vivimos según lo que la Torá define ser judío. Como seres humanos tenemos la identidad más envidiable de todo el mundo, pero la mayoría de nosotros no abraza nuestra identidad como la define la Torá. Es irónico que el Creador nos cuente a cada uno de nosotros como Su pueblo, y no reciproquemos Su Amor contándolo a Él en lo que somos, tenemos y hacemos.

En este censo particular aprendemos que Dios quiere que seamos contados para recibir Su Torá y Sus Mandamientos. Al conocernos individualmente con nuestro potencial y cualidades, Él desea darnos nuestra porción en Su Plan, nuestra porción de Su Amor por nosotros para transformar la oscuridad en el mundo en el lugar radiante donde Él pueda habitar entre nosotros. Él nos hace conscientes de Su Amor al darnos la Torá como medio para conocer Sus modos y atributos, y entronizarlos como los medios, arbitrios, rasgos y cualidades que deben conducir todos los niveles y dimensiones de la conciencia. Es así es como revelamos y proclamamos Su Presencia y Su Reino sobre la Tierra. Él nos cuenta para decirnos que nos ama, y conociendo Su Amor conocemos nuestra Esencia y verdadera identidad.

Somos capaces de amarnos unos a otros porque Dios nos ama. Hemos mencionado aquí en comentarios previos sobre esta porción (Parshat Bemidbar: “En el Desiertodel 8 de Mayo, 2010 y “Uniendo Nuestra Conciencia en el Amor de Diosdel 2 de Mayo, 2011) que las Tribus de Israel representan rasgos y cualidades particulares destinados a estar unidos en su misión de crear un lugar en el mundo donde el Creador more entre (en) nosotros. Las Tribus integran todo el potencial de bondad que podemos llegar a ser y manifestar en todos los aspectos de la vida. Al ser y hacer esto realizamos la identidad y el destino que el Creador quiere para nosotros, como nos lo dice en la Torá. Todos contamos ante Él. Desde el más talentoso, el más poderoso, y el más capaz hasta el más insignificante, el más débil, el más necesitado, y el más limitado; porque, prescindiendo de nuestra condición humana, cada uno somos parte de los planes de Dios en Su Creación. 

Esta concepción podría no ser fácil de asimilar si tenemos la mentalidad no judía de que los seres humanos están divididos en niveles, clases, categorías, etc. en la que están plenamente justificados la esclavitud, explotación, opresión, subyugación, despotismo y discriminación. Esta mentalidad no existe en el judaísmo porque la Torá nos encomienda y destina a amarnos unos a otros, y a vivir en cooperación mutua con el propósito común de cumplir la voluntad de Dios para nosotros, la cual es hacer prevalecer en la conciencia humana los modos y atributos de Amor. Este es el legado de la Torá para el mundo y la principal contribución del pueblo judío a la humanidad. De esto es lo que se trata la Redención y la era Mesiánica en el judaísmo.

Realizamos esta misión como nuestro destino, y comenzamos a hacerlo transformando los aspectos negativos de la conciencia, dirigiéndolos en los caminos y atributos de Amor. Lo hacemos erradicando las fantasías e ilusiones de ego como ídolos que son y que nos separan de Amor como nuestra Esencia y verdadera identidad. Una vez nos hacemos conscientes del Amor del Creador como la fuente y sustento de toda Su Creación, debemos elegir seguir Sus caminos, y en esta realización nos damos cuenta que Él siempre ha sido, es y será nuestro único Redentor:Y Yo quitaré los nombres de los baalim [ídolos] de la boca de ella [Jerusalén, como nuestra conciencia de Amor producto del mayor conocimiento del Amor de Dios], y nunca más serán llamados por su nombre [los ídolos nunca más serán seguidos]. Y Yo haré en ese día un Pacto con las bestias del campo, y con las aves del cielo, y con las cosas que reptan sobre la tierra; y [con] el arco, la espada y la guerra, y [que] Yo quebraré de la tierra; y Yo los dejaré recostar en seguridad. Y Yo te desposaré para Mí por toda la eternidad, y Yo te desposaré con rectitud y con justicia, y con amorosa bondad, y con compasión. Y Yo te desposaré para Mí en fidelidad, y conocerás al Eterno(Oseas 2:19-22)

Conocemos al Eterno a través de Sus caminos y atributos, y llegamos a hacerlo mientras los sigamos también como nuestros. El Rey David nos lo recuerda: “Conócelo a Él en todos tus modos [caminos], y Él dirigirá tus caminos” (Proverbios 3:6)

domingo, 13 de mayo de 2012

Bejukotai: Nuestra Relación con el Creador

En comentarios pasados en nuestro blog acerca de esta porción (Parshat Bejukotai: Elige Amor como tu Identidad” del 2 de mayo, 2010 y “Siguiendo los Caminos de Amor” del 15 de mayo, 2011) enfatizamos que somos una emanación del Amor de Dios y, como tal, Amor es nuestro nexo común con el Creador. Mediante este nexo nos relacionamos con Él y Su Creación, la cual también es una emanación de Su Amor. El Creador deja claro a Israel este principio en esta porción y en otros capítulos de Su Torá cuando nos dice, “Si siguiéreis Mis estatutos y guardáreis Mis Mandamientos y los cumpliéseis (...)” (Levítico 26:3)

Los primeros diez versículos que siguen en Bejukotai (26:4-14) contienen algunas de las bendiciones que disfrutamos cuando los modos y atributos de Amor guían y dirigen todos los aspectos de nuestra conciencia: “Yo daré vuestras lluvias en su estación, la Tierra [Prometida] dará su producto, y el árbol del campo dará su frutoy entendemos “nuestras” lluvias también como el Amor de Dios manifestado en la potencial bondad que podemos expresar en nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, pasiones e instintos, incluyendo nuestras palabras y acciones como medios para comunicar Amor como nuestra Esencia y nexo con Dios. El resultado natural de esto son las cosas buenas que la vida, la cual también es nuestra Tierra, provee como su producto. Tenemos una vida fructífera y productiva cuando trabajamos y disfrutamos en los campos del Amor de Dios. Nuestros Sabios se refieren a los árboles como metáforas de conocimiento, y la Torá es el árbol más importante de todos con el que endulzamos las aguas amargas que son los aspectos negativos de la realidad material, esta como reflexión de los aspectos negativos de la conciencia. Los árboles también representan creencias que, si son concebidas y expresadas en los modos y atributos de Amor, siempre traen buenos resultados.

Lo que recojáis os durará hasta la siembra, y desde la siembra hasta la cosecha; comeréis vuestro alimento hasta saciaros, y viviréis seguros en vuestra Tierray esto explica la trascendencia de Amor como su causa y su efecto, siempre y cuando lo hagamos prevalecer en lo que somos, tenemos y hacemos. En esta realización permanente asimilamos y confiamos en los atributos de Amor como los medios para vivir en lo bueno como nuestro destino. Vivimos y disfrutamos la mayor seguridad concebible en este destino, que es lo que el Creador quiere para nosotros en el mundo material.

Hemos dicho muchas veces que la paz, abundancia, prosperidad, felicidad y todos los rasgos y cualidades positivos son los modos, medios, atributos y efectos de Amor. Mientras vivamos por, en, con y para ellos, no hay nada que esté contra nosotros porque no hay espacio para lo opuesto. En un sentido más amplio entendemos el principio de que Amor no coexiste con nada diferente a sus modos y atributos, porque están dirigidos por la ética inherente a ellos: Y Yo daré paz en la Tierra, y os reclinaréis sin que nadie [os] asuste; Yo quitaré las bestias salvajes de la Tierra, y ningún ejército pasará por vuestra Tierraporque la ética de Amor no permite nada negativo como efecto de sus modos y atributos. La maldad y los rasgos negativos son las bestias salvajes que amenazan las cualidades de Amor y, a pesar de lo destructivos que puedan ser, Amor siempre prevalece y trasciende porque es nuestra verdadera Esencia e identidad. Es por ello que aquí llamamos “fantasías e ilusiones” a los deseos negativos de ego, porque eso es lo que son. Se dan temporalmente y jamás perduran en nuestras vidas, y no olvidemos que la negatividad es una referencia y no una opción para nosotros.

Algunos sufren depresión, tristeza, frustración, ira, enojo, codicia, lujuria, crueldad, indolencia y otras cualidades negativas como residentes permanentes en todos los niveles de su conciencia, y de hecho los hacen “trascender” en sus vidas al hacerse adictos a ellos. Realmente son parte de sus vidas y son sus mayores referencias para relacionarse con otros y con su entorno. Estos son de lo que hablan las noticias diarias en los titulares de guerras, crímenes, conflictos, robos, asaltos, secuestros, violaciones, estafas, desfalcos, fraudes, engaños, intimidaciones, racismo, xenofobia, e inclusive aquello apartentemente positivo como las rebeliones, revoluciones y levantamientos. Estos no son positivos mientras sean el resultado de motivaciones negativas. ¿Qué provecho hay en la llamada “primavera árabe” si es producto de las intenciones nefastas del fundamentalismo islámico? Mientras estén motivados por su odio y total irrespeto por la dignidad e integridad humanas, seguirán siendo marionetas de las ilusiones y fantasías negativas de ego. ¡Y Amor no cohabita con nada de eso!

El propósito y destino de Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad es protegernos del daño potencial de los aspectos negativos de la conciencia. Mientras Amor dirija y conduzca todas las dimensiones de la conciencia, nada nos puede afectar porque Amor es nuestra fortaleza y escudo: “Perseguiréis a vuestros enemigos, y ellos caerán por la espada ante vosotros. Cinco de vosotros someterán a un centenar [de ellos] y un centenar de vosotros someterá a diez mil, y vuestros enemigos caerán por la espada ante vosotrosy esto lo vivimos en nuestras guerras de 1967 y 1973, cuando el pequeño ejército de Israel derrotó a los ejércitos combinados de cinco naciones árabes. Prevalecimos y seuiremos prevaleciendo porque honramos el destino que el Creador quiere para Israel, y estos diez versículos de la porción que comentamos claramente ilustran nuestro destino, porque este es la causa y el efecto de nuestro Pacto con Dios: “Yo Me volveré hacia vosotros, y Yo os haré fructíferos y numerosos, y Yo estableceré Mi Pacto con vosotros”, y Él nos recuerda otra vez que Su Amor, del cual se nutre nuestro Amor, nos sustenta en lo bueno que cosechamos cuando andamos en Sus caminos.

Estos versículos son la premisa para tener la Presencia Divina permanentemente en nuestras vidas: “Y Yo podré Mi morada entre vosotros, y Mi Espíritu no os rechazará (...)” y, como lo hemos indicado anteriormente, Su morada es el Santuario (el Templo de Jerusalén) que también ha sido establecido por Él en los más elevados niveles de nuestra conciencia, y de ahí vivimos la plena realización de nuestra conexión con Él. En este conocimiento de hecho sabemos que Él mora en nosotros: Yo andaré con vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis Mi pueblo”. Debemos entender que esta conexión es el propósito y el destino que Él quiere para nosotros como Su pueblo, y la única razón de nuestra liberación de las aspectos negativos de la conciencia humana: Yo soy el Eterno vuestro Dios que os sacó de la tierra de Egipto, de ser esclavos para ellos [los egipcios]; y Yo rompí vuestras ataduras y os conduje erguidosy solamente el más grande Amor de todos, el Amor de Dios, nos libera de lo que no nos deja vivir y disfrutar de los modos y atributos de Amor, como los medios para remover las ataduras de las ilusiones y fantasías de ego, y andar erguidos en la libertad y felicidad sin límites que el Amor de Dios nos da como nuestra verdadera Esencia, identidad y destino.

El resto de la porción se refiere a los resultados negativos que padecemos tras elegir las fantasías e ilusiones de ego en vez de los modos y atributos de Amor. Al separarnos de nuestra verdadera Esencia nos sometemos al dominio de los aspectos negativos de la conciencia. La Torá nos recuerda constantemente las bendiciones y las maldiciones entre las que debemos elegir, y la elección es nuestra. Elijamos las bendiciones.

domingo, 6 de mayo de 2012

Behar: Sirviendo al Amor de Dios

La Torá define la identidad judía como el pueblo que está destinado a servir al Creador. Toda la Torá se trata de nuestro servicio individual y colectivo y los mensajes en Behar hacen especial énfasis en los aspectos prácticos de este servicio, ya que honramos a Dios sirviéndolo como Él quiere que lo hagamos. Hemos dicho muchas veces, y lo seguiremos reiterando, que el servicio de Dios es el servicio de Amor. Lo servimos a Él siendo y haciendo Sus caminos y atributos, los cuales emanan de Su Amor, la fuente de Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad. Por, con y a través de Amor realizamos la voluntad de Dios para nosotros, y lo hacemos en los modos y medios de los atributos de Amor. Es así como nos protegemos y cuidamos unos a otros, la manera de amarnos unos a otros: “Y no os dañaréis unos a otros, y reverenciaréis a Dios, porque Yo soy el Eterno, vuestro Dios” (Levítico 25:17) porque Él nos ama del mismo modo. Aprendemos a amarnos unos a otros como el modo de construir, elevar y realzar todos los aspectos y dimensiones de la conciencia con el fin de expandir la bondad de Amor en lo que somos, tenemos y hacemos. Así volvemos a repetir que Amor es su causa y su efecto, porque el único propósito de Amor es Amor. De ahí que Amor no cohabita con nada diferente a sus modos y atributos. No debemos dañamos unos a otros por el hecho de que el Creador no hace mal a nosotros.

En este contexto todos somos responsables de todos porque desde que nacimos estamos encomendados y comprometidos unos con otrosEstamos habilitados para cuidar unos de otros y proteger nuestra dignidad. Esa es nuestra razón y obligación para combatir todo aquello que atente contra la dignidad e integridad individual y colectiva. En honor a Amor y en el nombre de Amor como nuestra Esencia e identidad debemos honrar sus modos, medios y atributos, y repeler y eliminar lo opuesto a ellos. Tenemos que detener las creencias e ideologías totalitarias, despóticas, denigrantes, explotadoras y opresoras, porque es nuestra responsabilidad, deber y obligación, y no de Dios. No podemos culparlo a Él por lo que nosotros hemos creado e infligido en este mundo. Si hay crueldad, maldad, negatividad, etcétera, es porque los humanos las adoptamos y no Dios. Ese es el precio que pagamos al generar malos pensamientos, emociones, sentimientos y pasiones, y ponerlos en acción.

Ya sabemos que la maldad y la negatividad son sólo referencias para que podamos ejercer nuestro libre albedrío, y no opciones. De ahí que estemos obligados a evitarlas en todos los niveles de conciencia y elegir los modos y atributos de Amor como las opciones correctas. Estamos obligados a erradicar la maldad de la conciencia humana, y ello incluye el fascismo, racismo, totalitarismo y fundamentalismo en todas sus formas y matices. Optar por erradicar la maldad es el comienzo para amarnos y, por extensión, para amar a otros. Seamos lo suficientemente sensatos y amorosos para darnos cuenta que las fantasías de ego y los deseos materialistas causan nuestra separación de Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad, y también de nuestro bienestar individual y colectivo.

Vivimos seguros y protegidos en los caminos y atributos de Amor, porque estos abarcan la Tierra Prometida, que es también nuestra mayor conciencia que el Amor de Dios nos da para revelar Su Presencia en el mundo, tal como Él lo dice: Guardaréis Mis estatutos y mantendréis Mis ordenanzas, y las cumpliréis; entonces viviréis en la Tierra [Prometida] seguros” (25:18) y mientras lo hagamos, “(...) la Tierra entonces dará su fruto y comeréis hasta saciaros, y viviréis en ella seguros” (25:19) Cambiar o reemplazar nuestra mayor conciencia por algo diferente es inconcebible, ya que esta emana del Creador y es sustentada por Él: “La Tierra no será vendida a perpetuidad, porque la Tierra Me pertenece a Mí, ya que vosotros sois forasteros y residentes Conmigo” (25:23) y de hecho sólo somos transeúntes en el mundo material. Nada nos pertenece, inclusive Amor como la Esencia e identidad que el Creador nos da para que lo conozcamos a Él y lo podamos revelar en lo que somos y hacemos.

En ese el contexto entendemos este versículo: “Por lo tanto, en toda la Tierra de vuestra posesión daréis redención para la Tierra” (25:24) porque mediante las cualidades y modos de Amor, entendido como la Tierra que Dios nos da, nos redimimos de las fantasías e ilusiones del mundo material, de aquello que ego desea hacer real (¡en sus sueños!); y también debemos redimir a Amor de las cargas del mundo material. Los versículos siguientes indican la dinámica de Amor y lo práctico que es en la conciencia para hacerlo prevalecer en nuestro entorno inmediato: Y si tu hermano empobreciere y acudiere a ti, tú lo ampararás, [sea él] converso o nativo, para que pueda convivir contigo. (…) y reverenciarás a tu Dios, y harás que tu hermano conviva contigo” (25:35-36) porque honramos y reverenciamos a nuestro Dios cuando compartimos nuestra porción individual de Amor con aquellos cuya porción estuviese disminuida, para ayudarlos a que la aumenten.

El Amor que Dios nos da como nuestra mayor conciencia está destinado a ser manifestado en todos los aspectos, niveles y dimensiones de nuestras vidas. Como lo hemos dicho, esa es la manera como Él quiere que lo sirvamos, y es por ello que nos eligió entre las naciones: “Yo soy el Eterno tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto para darte la tierra de Canaán, para ser tu Dios” (25:38) Dicho de otro modo, Él nos redime de la casa de esclavitud para que vivamos en Sus caminos y atributos; y mientras lo hagamos, Él es nuestro Dios porque nos liberó de la tierra de Egipto para darnos la Tierra de Israel. Sólo así podremos entender que nosotros somos Sus sirvientes: “Porque los hijos de Israel son servidores para Mí, ellos son Mis servidores a quienes Yo saqué de la tierra de Egipto. [PorqueYo soy el Eterno” (25:55)

En este conocimiento no hay lugar para fantasías e ilusiones de ego como adicciones y apegos en nuestra conciencia: “No os haréis ídolos para vosotros, ni levantaréis estatuas ni monumentos para vosotros. Y en vuestra Tierra no erigiréis pedestales de piedra para postraros, porque Yo soy el Eterno vuestro Dios” (26:1) porque, como hemos repetido, Amor no cohabita con nada diferente a sus modos y atributos. El principio de este conocimiento está reiterado en el último versículo de Behar, en el que la unidad con el Creador en Su Shabat y Su Templo es la premisa para estar a plenitud con lo que significa vivir en Sus caminos y atributos: “Guardaréis Mis Shabats y reverenciaréis Mi Santuario. [PorqueYo soy el Eterno” (26:2)

El servicio de Dios es nuestra identidad y destino, y en este conocimiento vivimos en nuestro país, porque así es nuestra Tierra Prometida: “Y Tú les diste esta Tierra que a sus padres Tú prometiste dárselas, una Tierra que emana leche y miel” (Jeremías 32:22), la dulzura del Amor de Dios. (Para conocer otros mensajes de esta porción de la Torá, ver en este blog los comentarios de la Parshat Behar: “Shabat” del 1 de mayo 2010 y “Lugar del Amor Divino” del 8 de mayo 2011)

sábado, 28 de abril de 2012

Emor: Consagrando al Creador en Nosotros


La santidad que el Creador exige de los hijos de Israel incluye a los sacerdotes, y esta porción de la Torá se refiere al servicio que estos últimos realizan en el Santuario o Templo. La separación de funciones para los sacerdotes de ninguna manera implica que haya diferencias o categorías de santidad entre los hijos de Israel. Sin embargo esta santidad es enfatizada para los sacerdotes porque ellos representan la plena conciencia de nuestra conexión permanente con el Creador y Su Amor, del cual somos creados y sustentados. Debido a su naturaleza esta conciencia es sagrada, ya que nuestro apego a Su Amor depende de ella: “Ellos serán sagrados para su Dios, y ellos no profanarán el Nombre de Su Dios, por lo tanto ellos serán sagrados” (Levítico 21:6) y hemos dicho en comentarios pasados (ver en este blog Parshat Emor: “Restituir Vida con Vida” del 25 de marzo 2010 y “Entrega Total al Amor de Dios” del 1 de mayo 2011) que a través de nuestras ofrendas, que son nuestros mejores pensamientos, sentimientos y acciones, nos santificamos nosotros mismos y consecuentemente nuestra relación con Dios. 

Este conocimiento mayor, que es la conciencia representada por el sacerdote, debemos santificarlo todo el tiempo: “Tú lo santificarás [al sumo sacerdoteporque él trae la ofrenda del pan de tu Diosél será sagrado para ti porque Yo, el Eterno que te santifica, soy sagrado” (21:8) y el pan de nuestro Dios es Su Amor. Esta conciencia sublime es encendida por el conocimiento que el Creador nos da para elevar todos nuestros niveles y dimensiones a Su servicio, el cual realizamos mediante los caminos y atributos de Amor. Dios sustenta toda Su Creación, y nosotros también debemos nutrir nuestras vidas y el mundo material donde vivimos con Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad, la manifestación material del Amor de Dios, Su pan para nosotros. 

Ese es nuestro servicio en el mundo para rendir honor a Su Amor por nosotros: “(...) porque la corona del aceite de unción de su Dios está sobre él [el sacerdote]. Yo soy el Eterno” (21:12) y otra vez el Creador reafirma Sus caminos y medios para seguirlo y emularlo a Él cuando nos dice “Yo soy el Eterno”. En esta declaración nos está diciendo “Haz como te digo porque te lo estoy diciendo”. Esto también significa que todo lo que hacemos en nuestras vidas debe tener como único fin santificarlo a Él: “No profanaréis Mi Sagrado Nombre. Yo seré santificado en los hijos de Israel. Yo soy el Eterno que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo soy el Eterno” (22:32-33)

Ya mencionamos el versículo donde el Creador unge (ilumina nuestra conciencia elevada con el conocimiento de Él) al sacerdote con Su aceite, y en el último capítulo (24) de esta porción Él expande esta iluminación para todo Israel habilitándonos también para encender la menorá del Santuario: “Ordena a los hijos de Israel y que ellos tomen para ti aceite puro de oliva, triturada para iluminar, para encender las lámparas [de la menorácontinuamente” (24:1) y esto también quiere decir que el mayor potencial de amor y bondad en todos los niveles de conciencia (los hijos de Israel) están encomendados por el Creador para proveer y traer el aceite, la iluminación para el sacerdote. En otras palabras, la motivación para vivir y disfrutar nuestra conexión permanente con Él debe provenir del Amor y la bondad que infundamos en nuestro intelecto, mente, pensamientos, emociones, sentimientos, palabras y acciones. Todas las dimensiones y cualidades están convocadas para este propósito.

Esta conciencia mayor tiene el propósito de guiar y dirigir, como está reiterado: “Y para Mi pueblo ellos [los sacerdotesles enseñarán la diferencia entre lo sagrado y lo profano, y les harán discernir entre lo puro y lo impuro” (Ezequiel 44:23) y la manera práctica de hacerlo es siguiendo los caminos y atributos de Amor como medios para santificar nuestra conciencia y nuestro entorno inmediato. Es importante destacar que la conciencia que Israel representa es multidimensional y abarca cualidades, rasgos, aspectos y atributos que están destinados a revelar totalmente la Presencia Divina en el mundo material. La revelación de Dios a Israel en Sinaí sirve un doble propósito. Uno es para que los hijos de Israel asumieran su verdadera Esencia e identidad desde ese entonces, y el otro es para que a partir de su identidad desde ese entonces revelen la Presencia Divina en el mundo.

Una vez Israel tuvo la experiencia del Creador y Sus caminos y atributos en Sinaí, nuestro destino es proclamar en la Tierra Su soberanía y Su gloria, que están manifiestas en los atributos de Amor que deben ser los únicos conductores de la conciencia humana. Este conocimiento nos enseña a unificar todas las dimensiones de la conciencia en el servicio del Amor de Dios, y este servicio significa manifestar los modos y atributos de Amor como los únicos medios para remover lo inmundo y lo impuro con el fin de hacer prevalecer Amor como nuestra verdadera Esencia e identidad. En este sentido los hijos de Israel están unidos bajo el conocimiento permanente de nuestra conexión con el Creador, y este conocimiento nos hace sacerdotes.

Es así como entendemos el Mandamiento de Dios, “y seréis para Mí un reino de sacerdotes, y una nación sagrada” (Éxodo 19:6) y esta identidad nos diferencia de las demás naciones. La Torá es la instrucción con la que nuestra identidad judía enseña a las naciones, las cuales representan rasgos y cualidades sometidas a las fantasías e ilusiones de ego. La Torá enseña a toda la humanidad la diferencia entre las ilusiones de ego y Amor como Verdad, y es así como iluminamos a la conciencia para disipar las tinieblas en todas sus dimensiones. Nos damos cuenta de esto e implementamos esas enseñanzas bajo la dirección de nuestra conexión con el Amor de Dios, de donde proviene todo lo que es. En esta realización y experiencia somos sacerdotes, ya que santificamos todo lo que somos, tenemos y hacemos con la santidad de Amor sabiendo que estamos permanente conscientes de nuestra verdadera Esencia e identidad que es el Amor de Dios.

domingo, 22 de abril de 2012

Ajarei-Kedoshim: La Santidad del Amor de Dios


La descripción de pureza e impureza continúa en Ajarei-Kedoshim ya que es relevante en la Torá contextualizar sus aspectos y todos sus mensajes, y el énfasis está tanto en evitar lo impuro en todos los niveles de conciencia como en procurar la pureza como el medio para mantenernos cerca del Creador. Esto otra vez es reiterado al comienzo de Kedoshim: “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles a ellos, 'Vosotros seréis sagrados, porque Yo, el Eterno vuestro Dios, soy sagrado'.” (Levítico 19:2) como la premisa y precedente para la segunda mención en la Torá de los Diez Mandamientos (ver en este blog nuestros comentarios sobre la parshat Kedoshim en 2010 y 2011)

Sabemos que los 248 Mandamientos positivos y los 365 negativos de la Torá tienen como propósito purificarnos y limpiarnos en nuestro tránsito por el mundo material. De ahí que debamos evaluar constantemente la naturaleza de nuestra realidad o realidades individuales, lo que abarcan, su origen y su fin. Así sacamos las conclusiones respecto a lo que consideramos positivo y negativo en nuestra vida. Hemos dicho innumerables veces en este blog que nuestro predicamento en el mundo material es ejercer el libre albedrío ante lo falso y lo verdadero, útil e inútil, positivo y negativo, etc. También dijimos que el discernimiento es una condición obligada para para verdaderamente poder elegir entre verdad e ilusión. En este conocimiento podemos ser capaces de asimilar lo que la Torá nos dice en torno a lo puro e impuro, y también nos instruye a hacerlo con relación a nuestros congéneres. Nuestros Sabios dedicaron una buena parte de sus vidas para enseñarnos cómo conducirnos ante el prójimo y nuestro entorno inmediato. Estas son las circunstancias en las que observamos no sólo los Diez Mandamientos, sino todos los Mandamientos de la Torá.

Debemos entender la santidad de nuestro Creador con relación a lo que es sagrado en nosotros. Proclamar que Él es nuestro Dios no es un asunto unilateral. Esta es una de las razones que en hebreo el verbo rezar sea reflexivo, y no una expresión activa o pasiva. Se trata de algo que hacemos con nosotros mismos y para nosotros, por nuestro beneficio. Esta acción requiere una actitud concienzuda y sensata en relación con nuestro Creador, y quiere decir que en nuestro rezo estamos juntos como Uno con Él. En este sentido, el Primer Mandamiento del Decálogo es no sólo referente a Dios sino acerca de nuestra conexión con Él que nos sacó de Egipto, la casa de esclavitud. Él es el Creador de todo, que por Su Amor nos redime de lo que nos mantiene atados y cautivos a aquello que niega, oprime, explota y denigra lo que realmente somosNuestro Dios Se define para nosotros en Su Primer Mandamiento, no como un Dios abstracto para Su pueblo, ya que nos dice en Su Torá cómo conocerlo mediante Sus obras, modos y atributos: Él es nuestro único Redentor, y nos muestra cómo lo hace. Él no es solamente nuestro Dios, Él es quien nos libera de todos los cautiverios y exilios.

Dios, el Creador de todo, es Uno y por tanto no hay espacio en nuestra conciencia para atrevernos a concebir “otros dioses”, y ello incluye “ídolos por los cuales os desviáis”Hemos dicho que la raíz semántica hebrea de la palabra “ídolos” también significa moldes en el sentido de máscaras, y de ahí aprendemos que las máscaras como moldes adoptados para pensar, sentir, hablar y actuar, simplemente representan lo que en esencia no somos. Dicho de otro modo, el Segundo Mandamiento de no tener ídolos o dioses quiere decir que nuestra identidad se define a partir de nuestra relación con el único y exclusivo Dios, como lo proclama el Primer Mandamiento. Esto implica que aquello diferente a Sus modos y atributos debe ser rechazado por nosotros. En este sentido los ídolos son todo aquello que consideramos, creemos, suponemos o sentimos que son superiores a nosotros y por lo tanto merecen ser seguidos, reverenciados y hasta temidos. Este predicamento es precisamente nuestro mayor problema, ya que esa mentalidad es la causante de nuestro aislamiento, dolor, sufrimiento, y caída.

Para liberarnos de tal predicamento tenemos que volver a recurrir al discernimiento e identificar plenamente la naturaleza de nuestros “ídolos”, las adicciones a fantasías e ilusiones creadas ya sea por ignorancia o por el mero deseo materialista de ego. ¿Es acaso glamour, moda, sofisticación, pretensión, arrogancia, lujuria, ambición, desvergüenza, indolencia, avaricia y sus derivadosY de ser así, ¿de dónde surgieron? ¿Acaso de una impresión o sentimiento de carencia¿O de deseos descontroladosY de ser así, ¿acaso son parte de quienes realmente somos, de nuestra verdadera Esencia e identidad¿Qué salió mal que nos desvió de nuestro exclusivo Dios y único Redentor¿Es acaso el establecimiento social, ideológico y cultural el que nos dicta quiénes somos, lo que pensamos, sentimos, deseamos, decimos y actuamos, al igual que lo hacen las escuelas y universidades que nos educanTiene que estar por ahí en algún lado, ya que nada de eso está en la Torá ni en los modos y atributos del Creador.

En ese estado de cosas es donde debemos discernir acerca de lo limpio y lo inmundo, lo sagrado y lo profano. En este discernimiento de hecho entendemos lo que significa Seréis sagrados porque Yo, el Eterno vuestro Dios, soy sagrado”. Es así como finalmente asimilamos aquello de que Dios los creó en Su imagen y semejanza”, porque Sus obras, modos y atributos son tal imagen y semejanza que estamos destinados a ser, tener y manifestar mientras seamos plenamente conscientes de que el Eterno es nuestro DiosEn este conocimiento nos damos cuenta de lo que significa ser sagrados. De ahí que el Mandamiento de ser sagrados preceda a los Diez Mandamientos como la premisa obvia para afrontar nuestra conexión con Dios en general, y nuestra relación con el prójimo en particularEn todo esto conocemos la santidad del Amor de Dios y Sus caminos y atributos, y nuestro Amor por Él y por nuestros congéneres como la manifestación de Su Amor en el mundo material.

Dios nos creó como emanación de Su Amor, y a través de Su Amor podemos emular sus modos y atributos como están descritos en la Torá. Así nos hacemos conscientes de la santidad de Su Amor y nuestro Amor, y así comprendemos que Él es nuestro Dios que nos sacó de Egipto, la casa de esclavitud, porque Él nos ama. En Su Amor también nos dice que aquello distinto a Sus modos y atributos son ídolos con los que negamos Amor como nuestro nexo común con Él. En este nexo no tomamos Su Nombre en vano, guardamos el Shabat, honramos a nuestros padres y madres, no asesinamos, no robamos, no damos falso testimonio, no codiciamos y seguimos los demás Mandamientos de la Torá con la misma santidad.

Esta realización es la que representa Jerusalén como el mayor conocimiento de nuestro nexo con el Creador, y es por ello que tenemos que reconstruir nuestra conciencia a partir de Su Amor, tal como está escrito: “En ese día Yo levantaré la cabaña caída de [el rey] David, Yo restauraré sus ramas y erigiré sus ruinas, y Yo la reconstruiré como en los días de antaño, para que ellos [los hijos de Israelconquisten los vestigios de Edom y todas las naciones, porque Mi Nombre está sobre ellos; las palabras del Eterno que trae esto” (Amos 9:11-12) De ahí que dejemos que sean Sus modos y atributos los cimientos y conductores de todos los niveles de conciencia, nuestra cabaña. En el conocimiento de Su Amor como nuestra Esencia e identidad tenemos la fortaleza para conquistar y rectificar los aspectos negativos remanentes en nuestra conciencia (Edom y las naciones). Así es como sabemos que Su Nombre, Su Amor, está sobre nosotros como lo que somos. Es así como somos sagrados, porque Dios es sagrado.